Sección: Home Literatura Autores Argentinos Juan José Saer (1937 - 2005) parte5 - “...el mundo había sido transfigurado”.
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Juan José Saer (1937 - 2005) parte5 - “...el mundo había sido transfigurado”.

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Indice del artículo
Juan José Saer (1937 - 2005) parte5
Crítica y verdad
Capitalismo y esquizofrenia
Epopeya y novela
Mimesis
¿Por dónde empezar?
Literatura argentina y realidad política
Otoño 2003: ecos de la Feria Internacional del Libro...
23-11-2003: acerca de hechos políticos en la Argentina...
14-11-2004: Saer desde París, para “La Nación”.
21-05-2005: “Cierta chifladura muy contagiosa”
Desde París, su Último Vuelo...
Noticias desde el diario “La Nación.
Acerca de sus libros y ediciones...
La novela inconclusa...
El día después...
12-06-2005: Recuerdos desde “Página/12”...
12-06-2005: evocación de Lucio N. Miranda, su amigo...
“Juan José Saer (1937 - 2005): de la voz al recuerdo”
Una poética
Política, novela, historia
Una sociedad de personajes
El acecho de la realidad
Conclusiones de Martín Caparrós...
Juan José Saer y “el culto de la palabra”...
“...el mundo había sido transfigurado”.
02-05-2005: Homenaje a Juan José Saer...
El abuelo
El tiempo inagotable
Referencias
Todas las páginas

 

“...el mundo había sido transfigurado”.

Es oportuno reiterar que Juan José Saer, en su breve ensayo Faulkner rememoró que “hacia 1955 o 56, un sábado lluvioso de otoño, leí por primera vez, de un tirón, una novela de Faulkner...(6)

El libro era Mientras yo agonizo (en la traducción española el pronombre fue suprimido, ya que el traductor pareció razonar que mantenerlo hubiese sido cometer un pleonasmo, sin comprender que el yo afirma una oposición, como en la frase: Mientras yo trabajo, ustedes bailan). 

Empecé a leer después del almuerzo, y levanté la vista del libro, habiéndolo leído hasta la última página, al anochecer.  En unas pocas horas de lectura me había convertido en otra persona, pero también el mundo había sido transfigurado.  Cursiva aquí.

Tengo, como cualquier lector, una tradición privada, un universo literario propio, constituido por los más variados autores de idiomas y épocas diferentes, y en el cual unos pocos se convierten en la referencia constante, el patrón con el que se mide a todos los otros.  En mi caso, Faulkner forma parte de ese puñado de escritores que, transfigurando el mundo a través de su escritura, nos enseñan a verlo de una manera diferente, tan intensa y profunda que a partir de cierto momento, el mundo y la representación que ellos nos han dado en sus obras se funden en una única imagen.” /.../

“Así es la obra de Faulkner: sin esquivar ninguno de los problemas de su tiempo, los aborda desde un ángulo inesperado, y los engloba en una forma única, que se renueva en cada texto, y que, abocándose a lo más cercano, incluye sin embargo a la humanidad entera.”(7)

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Un impulso de la memoria orienta hacia otras percepciones en el rumbo señalado por el cuentista William Faulkner, el novelista admirado y distinguido con el Premio Nobel de Literatura en 1949... (8)

Es oportuno recordar que Faulkner al aceptar el Nobel declaró que aspiraba a “ayudar al hombre a resistir, aligerándole el corazón, recordándole el valor y el honor, la esperanza y el orgullo, la compasión y la piedad y el sacrificio que han constituido su glorioso pasado”. 

Gabriel García Márquez al recibir el Premio Nobel, expresó:

“Un día como el de hoy, mi maestro William Faulkner dijo en este lugar: 'Me niego a admitir el fin del hombre'.  No me sentiría digno de ocupar este sitio que fue suyo si no tuviera la conciencia plena de que por primera vez, desde los orígenes de la humanidad, el desastre como el que él se negaba a admitir hace 32 años es nada más que una simple posibilidad científica...”(9)

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No ha sido por casualidad que Juan José Saer, tras cuarenta años de residencia en Francia, en el ocaso del siglo veinte refiriéndose a Tradición y cambio en el Río de la Plata, destacara que “sesenta canales de televisión en varios idiomas fluyen las 24 horas del día sobre el Río de la Plata.  Lo lejano irrumpe brutalmente en todo momento en la intimidad de sus habitantes.  Prolongación del poder político o del poder a secas, dimensión del parecer en todos los sentidos de la palabra, presunta encarnación de la modernidad, la comunicación electrónica vehiculiza en realidad, bajo el aspecto de unas supuesta revolución cultural, el más blando relativismo y el tradicionalismo más trasnochado.  En la sucesión caleidoscópica de imágenes, en las bruscas transiciones temáticas, en la indigencia verbal, proclive al cliché, de los comentarios, en el nivelamiento constante, trasunta la superstición posmoderna de que todo equidista y equivale, de que las diversas escuelas pueden convivir y los diferentes estilos adaptarse unos a otros en un sincretismo simplista y perezoso.  Es la repetición incesante del tradicionalismo, lo que gira en redondo sin progresar, que organiza y orienta el modo de representación.  En ese universo enlatado, todo mensaje está concebido con un solo sentido, ni la expansión incesante y aleatoria de lo real.  Política, deportiva, ficcional, la realidad programada asciende a sí misma a realidad por antonomasia.  Y cuando quiere ser a toda costa la referencia obligada o la tribuna de artistas, de científicos, de filósofos, les impone la norma, en nombre de un público fantomático, de que las exigencias de cada disciplina sean depuestas a favor de un mensaje supuestamente claro y comprensible.

Se objetará y con razón que este mercado electrónico no es exclusivo del Río de la Plata, y que los mismos problemas que se plantean allá se plantean en el mundo entero.  Es cierto.  Pero nuestra especificidad política y social vuelve el conflicto más agudo y los peligros más inminentes.  El discurso omnipresente y nivelador de nuestra época sólo puede ser equilibrado por una multiplicidad de poderes alternativos, focos de crítica y de reflexión, de difusión de una cultura auténtica, fruto de una elección y no de una imposición vertical, una cultura vivida y creada cotidianamente, no un producto prefabricado y soportado sin alternativa posible.  Tales posibilidades de respuesta son casi inexistentes en el Río de la Plata”...(10)

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Durante esta lluviosa tarde de invierno, se agotan otros ciclos y emocionada, he visto cómo caían más pétalos de las bellas rosas...

“Tristesse et révérence. Tristeza y reverencia, dicen en francés.”

 

                                               Santa Fe de la Vera Cruz, 4 de julio de 2005.

                                               Nidia Orbea Álvarez de Fontanini.



 

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